La palabra al otro lado del disco de Odin

lunes, 7 de febrero de 2011

¿Cómo parar el tiempo?

Resulta decepcionante buscar en la memoria un momento de felicidad y no encontrarlo. Los primeros recuerdos en ser hallados son los tristes. Muy pocas reproducciones mentales se ciñen a la realidad; te hacen retroceder en el tiempo, cambiar de lugar y sentir lo mismo que ese día. Esos son los verdaderos momentos; los que han sido tan especiales como para que la mente no haya borrado ni las nubes que había en el cielo esa noche.

Me asombra escribir sobre este momento, ya que no se dio durante un viaje, no fue tras recibir algún premio, ni a causa de una celebración; simplemente me di cuenta de lo que tenía.

La película había terminado y, ahora, la música sonaba. Yo estaba tumbada con la cabeza sobre sus piernas y él fumaba. Se oían algunos coches; cómo las ruedas raspaban el asfalto cubierto por pequeñas piedras. El cielo había oscurecido y una farola algo lejana nos alumbraba sutilmente.
No hablábamos, ni nos movíamos, sólo estábamos ahí; yo tumbada y protegida por su chaqueta mientras el ruido de los coches era superado por la canción “Corazón de tango” de Doctor Deseo. Mi única sensación era de tranquilidad y al mismo tiempo una serie de pensamientos rondaron por mi cabeza. Parecía irreal, nunca había tenido esa sensación. Fue uno de esos momentos en los que uno desea que el tiempo se pare; que nada cambie, porque si lo hace sólo podría empeorar.

La propia canción habla en parte de esa irónica costumbre del ser humano; éste siente la soledad al perder a esa persona. La diferencia entre la realidad y lo escrito es que ésta última no es real, uno no puede inventar una mentira que suplante su vida.

Cualquier aspecto de mi vida en el que pensara estaba bien. Había empezado la universidad hacía apenas unas semanas, y no existía el mínimo conflicto con mi familia o mis amigos. Esos momentos no abundan y fue en ese preciso instante, durante esos pocos minutos, cuando me di cuenta. Uno no valora lo que tiene, todo podría ir mejor; pero si uno se para a pensar, no es así. Si hubiese podido elegir que algunos de los componentes de mi vida mejoraran; a pesar de la perfección que pudiese suponer, el bienestar de aquel equilibrio que había encontrado no lo hubiese cambiado por nada.

Tenía miedo a desestabilizar mi vida; lo había conseguido, nada antes había resultado tan fácil. No valoramos nuestra felicidad hasta que ésta se desmorona, siempre ha sido así. Por suerte, en ocasiones, no necesitamos perder lo que tenemos para apreciarlo. La felicidad llega sin que uno se de cuenta, en el momento menos esperado y su factor de sorpresa puede ser el verdadero motivo por el que somos conscientes de ella.Voltaire dijo: “La felicidad nos espera en algún sitio, a condición de que no vayamos a buscarla”.

El humo ascendía, y para mí la rapidez con la que se consumía su cigarro era el indicio de que el tiempo pasaba; que mi deseo no se cumplía y las agujas del reloj avanzaban. Lo único que podía hacer era disfrutar de ese diminuto instante y esperar a que llegara el siguiente.




1 comentario:

  1. Me gustaría saber cómo....pero los los mejores tiempos están por llegar...

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