Un día de lluvia. Salir a la calle por pura obligación.
El paraguas se zarandea, tus pies no pueden evitar los charcos y el viento sigue moviendo el paraguas incapaz de cubrirte.
Tienes prisa; no se sabe por qué, pero en los días de lluvia uno siempre tiene prisa o llega tarde...
El semáforo se pone en rojo y 80 segundos con la duda de...¿que pasaría si me lanzo a la carretera?

Adoro el encanto de los días de lluvia.
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