La palabra al otro lado del disco de Odin

lunes, 24 de enero de 2011

Algunas personas nunca cambian

Por fin disfruta de su momento del día. El descanso y soledad del cual goza durante las últimas horas de la jornada son su esperado resultado. El sonido de sus llaves girando en la cerradura son una señal de tregua ante el ajetreado vaivén de su vida.

Al igual que todos los martes sus compañeras de piso llegan tarde a casa. Tiene una hora para disfrutar del silencio del piso; de la ausencia del ajetreo provocado por cuatro mujeres más.

Desabrocha su abrigo, se descalza y tras cambiarse de ropa enciende el ordenador. Mientras éste se inicia decide comenzar a preparar la cena; desdobla el mantel y coloca cinco platos con sus correspondientes cubiertos sobre la mesa del salón.

Se escucha el sonido inicial de Windows y aunque en un primer instante lo obvia, algo le impulsa a abandonar la cocina. Deja la cebolla y los pimientos que estaba cortando a un lado y se desplaza hasta la habitación. Se sienta frente al ordenador y sobre el fondo de pantalla la ventana del Messenger se ha abierto automáticamente.

Tras echar un rápido vistazo a los contactos lee su nombre en el listado. David está conectado. Una extraña curiosidad hace que su mano lleve el puntero del ratón hasta su nombre. Las dudas hacen que las pulseras de su mano derecha tintineen. A pesar del temor decide abrir una conversación.

    • ¿Cómo te va todo?
    • ¡Hombre! Cuánto tiempo...
    • Y tanto, desde julio, ¿no?
Él, ante la incómoda situación, evita dar explicaciones y reacciona utilizando su humor más personal: “Sí, bueno... me acabas de pillar mandando un mensaje de amor en el Meetic”.
Sigues igual que siempre, por lo que veo... ¿ahora has decidido buscar el amor de tu vida por Internet?
No me queda otra, los años aprietan...y ¿tu novio qué tal?
Tú también estabas con una chica, ¿no? Alguna de esas que conociste en verano y estuviste engañando durante todo un año.

Ambos intentan herirse con sus palabras, pero ya nada de lo que pueda decir el otro les afecta. Él parece sorprendido por la conversación: “ Pero, ¿te interesa mi vida sentimental?”
Ella se da cuenta, es capaz de predecir cada palabra que va a leer, pero le contesta : “Si se basa en el chat, no mucho, la verdad. Sólo quería hablar contigo; saber cómo te iban las cosas.”

  • Pues bien, mujer. Gracias por el interés.
  • ¿Mujer? ¿Ahora soy una mujer para ti?
  • Hace tanto que no hablo contigo que ni me acordaba de lo joven que eras.
  • Ya sabes por qué no hemos hablado antes.
  • Soy tímido...
  • Sí, claro... que nos conocemos, David.
  • He cambiado, ahora soy excesivamente tímido.
  • Ya... y por eso buscas mujeres en el Meetic, ¿no? Sigues sin ser capaz de tener una relación normal.
  • Estoy conociendo cosas nuevas. Contigo siempre soy el malo; pero tú ahora también tienes novio, ¿no?
  • Si tengo ¿vamos a estar otros ocho meses sin hablar?
  • Luego me dejas con la intriga.
  • Pues sí, sigo con el que estaba la última vez que hablamos.
  • ¿¿Todavía!!
  • Sí.
  • ¿Con el pederasta?
  • ¿Qué dices? No eres el indicado para hablar. Pero sí, sigo con el de 29.
  • Le van a meter en la cárcel, ¿qué haces con él?
  • La pregunta es por qué estuve contigo. No seas hipócrita. Ya recuerdo por qué no hablaba contigo.
  • Porque te encanta hacerme daño.
  • Sabes que no, tú me has hecho mucho más.
  • El chat es impersonal para hablar de esto, lo sabes.
  • Pero es que en persona eres peor.
  • Muchísimo peor, no te quedas corta. Me esfuerzo por ser el mejor entre los peores.
  • Pues tienes el premio asegurado y pareces mantenerlo; ¿sigues también con las mismas costumbres?
  • ¿Ya vas a sacar el tema?
  • Supongo que eso es un sí...30 años y tú sigues igual.
  • Las drogas nunca se dejan.
  • No me lo puedo creer. ¿Qué haces con tu vida, David? Mucha suerte, de verdad.
  • Y tú mucha suerte con tu pederasta. Aunque parece que te duele que diga cosas malas de él, ¿ será amor?
  • Menos mal que hace meses que no hablamos, menudo gilipollas.
  • Y eso que te he echado de menos,pero seguimos metiéndonos la misma caña.
  • Sí, mucho de menos. Y sí seguimos igual; tú igual de insoportable.
  • ¿Tú has cambiado mucho? ¿La universidad te ha hecho madurar?
  • No sé qué ha sido, igual incluso ha sido gracias a ti, pero he cambiado bastante.
  • Claro, ahora estas enamorada. A tus 19 añitos...
  • El problema lo tienes tú que a tus casi 31 no lo estás.
  • Pero lo mejor es que le defiendes, qué bonito...
  • También te defendí a ti mucho tiempo, aunque en vano. Qué absurdo.
  • Lo mio es especial, lo sabes. Aunque quizás no deberías haberte molestado.
  • Ya, ya me di cuenta. Lo malo es que lo sigo haciendo. Cuídate, David.
Cierra la ventana. Le resulta insoportable otra despedida. La cerradura de la vivienda suena y las risas de sus compañeras irrumpen su momento. Él parece alterar su concepto del tiempo y la realidad; cambia su actitud y sus pensamientos. Se introdujo en su vida, como cuándo un sueño que se convierte en pesadilla escapa del propio control mental. Ella reconstruye con gran esfuerzo su sueño, su descanso y su mente; aunque él, en ocasiones, tenga el poder de adentrarse en su vida reavivando la pesadilla.

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